Decorando Piñas

Por estas fechas en muchas escuelas se realizan manualidades para crear adornos navideños.
Aparentemente una actividad sin más, pero llena de aprendizaje tanto para el niño como para el acompañante.

Mario (le llamaremos así) se acercó a mi y me dijo que hiciera por él lo que quedaba de la decoración, que él no sabía.
Le miré, sonreí y le dije: sé que puedes hacerlo, yo te acompaño. Y me senté a su lado.
Conversamos, le dije que para mí también era la primera vez y que tampoco sabía cómo
hacerlo, pero que se me ocurrían algunas ideas. Entre los dos sacamos ideas y Mario
escogió la manera que más le gustó.
Yo observaba, viendo cómo deshacía una y otra vez, cómo su sonrisa dejaba ver su
inseguridad.
“Confío en ti, puedes hacerlo”. Le dije.
Mario no perdió su sonrisa, fue tremendamente paciente y perseverante. Hasta que lo
consiguió.
Estaba feliz y orgulloso de lo que había logrado. Y quiso seguir. Ponerle unos detalles más.
Tenía claro los ojos y la nariz que iba a ponerle a su reno y buscó material para ello, dando rienda suelta a su creatividad. Haciendo su obra única.
Y llegó el momento del toque final: unas orejitas. Volvió a acercarse a mi y me dijo: quiero ponerle esto, pero no me sale.
Yo, sin darle más importancia le dije: busca tu manera, siempre hay opciones. Puedes
hacerlo todas las veces que necesites, hay material y tiempo. Todo el que quieras.
Y eso hizo, pero no necesitó apenas nada más, tenía seguridad en sí mismo (ya había experimentado que era capaz de hacer algo nuevo para él y solo necesitaba esas palabras otra vez, ese “empujoncito”) y le salió.

Qué importante es que la manualidad pueda ser realizada de principio a fin por el niño o niña. Sin que los acompañantes “le hagamos” nada. No solo en los pasos, sino en la forma de hacerlo.
Me refiero a que no hay una forma correcta. Si hacemos flores pueden ser de cualquier
forma y tamaño, ellos son los creadores. Dejemos que jueguen, inventen, sueñen…
Y, si lo hacemos por ellos, no les permitimos que aprendan, se equivoquen, rectifiquen,
prueben, se arriesguen y, finalmente lo CONSIGAN por ellos mismos.
Además de que, si lo hacemos por ellos sienten que no pueden hacerlo y que “no les sale tan bien”.
Y que no sepan cómo hacerlo no significa que no sean capaces de hacerlo.
Al hacerlo por ellos mismos aprenden que nada es inmediato, que para conseguir algo es importante accionar.
Aprenden que son capaces de aprender cualquier cosa, aunque en un principio piensen que no lo son.
Cuando creamos arte efímero también hay un gran aprendizaje: el desapego, todo tiene un principio y un fin, disfrutar del proceso, del camino hecho y valorar lo aprendido: eso sí permanece.

Por eso, y mucho más, es importante que haya ratios pequeños y dos acompañantes. Así, uno puede acompañar al grupo en general y el otro hacerlo de manera personalizada.
Para mí esto es hacer escuela. Mirarnos, ver en ti lo que yo soy y aprender juntos.

Gracias “Mario” por enseñarme que yo también puedo.

Deja un comentario

diecinueve − 13 =